Penumbra
Un instituto nocturno, una escalera interminable y la certeza de que algunos descensos no tienen final.
Autor
Fundador · Investigación y relatos
Fundador de Obscura Buenos Aires. Hace más de dos décadas recorre cementerios, casas y barrios de la ciudad recopilando las leyendas y los testimonios que casi nadie se anima a contar. Cruza investigación histórica, folclore y narración para devolverle forma a lo que habita en las sombras.
@SoyMatiasFerri24 relatos publicados
Un instituto nocturno, una escalera interminable y la certeza de que algunos descensos no tienen final.
Cada madrugada, Alejandra despertaba sin poder moverse. Y cada noche, una sombra sin rostro a los pies de su cama se acercaba un poco más. ¿Parálisis del sueño o algo más?
Durante un viaje a Tandil, a las 3:27 de la madrugada, una joven de ropa antigua apareció en el baño del camping. Solo repetía una frase, cada vez más desesperada: no estoy muerta.
Frente al Cementerio de la Chacarita aparece un Ford Falcon antiguo. Quienes lo vieron juran que el conductor está inmóvil, pálido como una estatua. Algunos dicen que es la mismísima muerte.
Tras la muerte de su madre, Claudia empezó a percibir un perfume que aparecía sin explicación en la casa cerrada. Hasta que reconoció el aroma: era el que usaba su madre.
Mauro, enfermero del Hospital Fernández, atendía un paciente cuando este señaló detrás suyo y preguntó: ¿quién es ese señor que está parado al lado suyo? No había nadie a la vista.
A fines de los años 60, en los descampados de Adrogué, Don Pedro vio cruzar una criatura enorme que no era un perro. Lo persiguió. Y lo que más lo aterró fue que lo miraba como una persona.
Entre las estaciones de Ranelagh y Villa España, en Berazategui, aparecen pequeñas esferas de luz flotando entre los árboles. Algunos dicen que son reflejos. Otros, que son seres vivos.
Una casa abandonada en Lanús que nadie quiere habitar. En 2005, una familia entera murió allí en una sola noche. Los vecinos aún recuerdan los gritos y una voz grave que no hablaba en español.
Lila era una nena cuando su familia se mudó a un departamento de Dock Sud. Una madrugada encontró a su madre sentada sola en la oscuridad. La mujer giró y preguntó: ¿vos también sentís frío?
Manchas blancas frente a los invernaderos, puertas que se abren solas y decenas de gatos: los rumores que rodean al Jardín Botánico Carlos Thays cuando cae la noche en Palermo.
Una noche de invierno, un grupo de adolescentes entró a un departamento abandonado de Berazategui con velas y una copa. Las risas se volvieron gritos. Y después se escuchó algo que no era humano.
Alejandra escuchaba voces que la llamaban por su nombre en una vieja pensión. Después empezó a ver a una mujer alta de camisón blanco que, noche a noche, se acercaba más a su cama.
De madrugada, en Nueva Pompeya, Martín vio a una figura pálida agachada junto a un hombre que dormía en la vereda. Cuando levantó la cabeza, tenía la boca cubierta de sangre. Y sonreía.
Cinthia vio a un hombre con ropa de otra época fregando el suelo en la entrada de la Recoleta. Cuando giró la cabeza, él la miraba: sus ojos eran completamente blancos.
En ciertas noches de luna llena, sobre la calle Jorge Newbery, una figura cuelga de un árbol cerca del Cementerio de la Chacarita. Tiene los ojos abiertos. Pero no miran nada.
Durante quince años, Melo convivió con un espíritu en su departamento de Parque Chas: ventanas que se cerraban solas, un peso invisible sentándose en su cama y un cuadro arrancado de la pared.
Entre las estaciones Pasco y Alberti, durante un apagón, Jonathan vio a dos hombres inmóviles junto a las vías. Sus ojos eran completamente negros.
Después del horario de cierre, una niña rubia de remera rosada se asoma entre las rejas del cementerio de Lanús. Distintas personas que no se conocen la describen exactamente igual.
Cadáveres sin sangre cerca de la Iglesia de San Ignacio, túneles con restos humanos y calaveras de incisivos afilados: la leyenda del vampiro de Buenos Aires.
Tras la muerte de una pequeña paciente en el quinto piso, el personal nocturno empezó a oír pisadas y risas infantiles en habitaciones vacías.
Una joven de vestido blanco enamora a un muchacho una noche de verano en la Recoleta. Al amanecer corre hacia el cementerio y desaparece. Es Luz María García Velloso, muerta hacía años.
Andrea tuvo que cruzar sola la Plaza Miserere a las once de la noche. Algo en el mausoleo de Rivadavia la retuvo. Después, la estatua se movió.
Un cuidador me ofreció el cementerio de Miramar para mí solo durante una noche entera. Acepté. Esto es lo que sentí entre las tumbas.