El taxi fantasma
Frente al Cementerio de la Chacarita aparece un Ford Falcon antiguo. Quienes lo vieron juran que el conductor está inmóvil, pálido como una estatua. Algunos dicen que es la mismísima muerte.
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Frente al Cementerio de la Chacarita aparece un Ford Falcon antiguo. Quienes lo vieron juran que el conductor está inmóvil, pálido como una estatua. Algunos dicen que es la mismísima muerte.
Tras la muerte de su madre, Claudia empezó a percibir un perfume que aparecía sin explicación en la casa cerrada. Hasta que reconoció el aroma: era el que usaba su madre.
Mauro, enfermero del Hospital Fernández, atendía un paciente cuando este señaló detrás suyo y preguntó: ¿quién es ese señor que está parado al lado suyo? No había nadie a la vista.
A fines de los años 60, en los descampados de Adrogué, Don Pedro vio cruzar una criatura enorme que no era un perro. Lo persiguió. Y lo que más lo aterró fue que lo miraba como una persona.
Entre las estaciones de Ranelagh y Villa España, en Berazategui, aparecen pequeñas esferas de luz flotando entre los árboles. Algunos dicen que son reflejos. Otros, que son seres vivos.
En una misma casa de Caballito, tres personas de la misma familia, en tres épocas distintas, vieron lo mismo: hombres de otra época descendiendo la escalera del patio. Ninguno conocía el relato del otro.
Una casa abandonada en Lanús que nadie quiere habitar. En 2005, una familia entera murió allí en una sola noche. Los vecinos aún recuerdan los gritos y una voz grave que no hablaba en español.
Lila era una nena cuando su familia se mudó a un departamento de Dock Sud. Una madrugada encontró a su madre sentada sola en la oscuridad. La mujer giró y preguntó: ¿vos también sentís frío?
Manchas blancas frente a los invernaderos, puertas que se abren solas y decenas de gatos: los rumores que rodean al Jardín Botánico Carlos Thays cuando cae la noche en Palermo.
Una noche de invierno, un grupo de adolescentes entró a un departamento abandonado de Berazategui con velas y una copa. Las risas se volvieron gritos. Y después se escuchó algo que no era humano.
Alejandra escuchaba voces que la llamaban por su nombre en una vieja pensión. Después empezó a ver a una mujer alta de camisón blanco que, noche a noche, se acercaba más a su cama.
De madrugada, en Nueva Pompeya, Martín vio a una figura pálida agachada junto a un hombre que dormía en la vereda. Cuando levantó la cabeza, tenía la boca cubierta de sangre. Y sonreía.