Ojos verdes
Tenía 15 años y estaba sola en el departamento nuevo de la costa. Cuando salió al living, una mujer de ojos verdes la observaba, cargada de un resentimiento que jamás pudo olvidar.
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Tenía 15 años y estaba sola en el departamento nuevo de la costa. Cuando salió al living, una mujer de ojos verdes la observaba, cargada de un resentimiento que jamás pudo olvidar.
Cada madrugada, Alejandra despertaba sin poder moverse. Y cada noche, una sombra sin rostro a los pies de su cama se acercaba un poco más. ¿Parálisis del sueño o algo más?
Durante un viaje a Tandil, a las 3:27 de la madrugada, una joven de ropa antigua apareció en el baño del camping. Solo repetía una frase, cada vez más desesperada: no estoy muerta.
Tras la muerte de su madre, Claudia empezó a percibir un perfume que aparecía sin explicación en la casa cerrada. Hasta que reconoció el aroma: era el que usaba su madre.
Mauro, enfermero del Hospital Fernández, atendía un paciente cuando este señaló detrás suyo y preguntó: ¿quién es ese señor que está parado al lado suyo? No había nadie a la vista.
En una misma casa de Caballito, tres personas de la misma familia, en tres épocas distintas, vieron lo mismo: hombres de otra época descendiendo la escalera del patio. Ninguno conocía el relato del otro.
Lila era una nena cuando su familia se mudó a un departamento de Dock Sud. Una madrugada encontró a su madre sentada sola en la oscuridad. La mujer giró y preguntó: ¿vos también sentís frío?
Una noche de invierno, un grupo de adolescentes entró a un departamento abandonado de Berazategui con velas y una copa. Las risas se volvieron gritos. Y después se escuchó algo que no era humano.
Alejandra escuchaba voces que la llamaban por su nombre en una vieja pensión. Después empezó a ver a una mujer alta de camisón blanco que, noche a noche, se acercaba más a su cama.
Durante quince años, Melo convivió con un espíritu en su departamento de Parque Chas: ventanas que se cerraban solas, un peso invisible sentándose en su cama y un cuadro arrancado de la pared.
Tras la muerte de una pequeña paciente en el quinto piso, el personal nocturno empezó a oír pisadas y risas infantiles en habitaciones vacías.
Un cuidador me ofreció el cementerio de Miramar para mí solo durante una noche entera. Acepté. Esto es lo que sentí entre las tumbas.