El celador de los muertos
Cinthia vio a un hombre con ropa de otra época fregando el suelo en la entrada de la Recoleta. Cuando giró la cabeza, él la miraba: sus ojos eran completamente blancos.
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Cinthia vio a un hombre con ropa de otra época fregando el suelo en la entrada de la Recoleta. Cuando giró la cabeza, él la miraba: sus ojos eran completamente blancos.
En ciertas noches de luna llena, sobre la calle Jorge Newbery, una figura cuelga de un árbol cerca del Cementerio de la Chacarita. Tiene los ojos abiertos. Pero no miran nada.
Durante quince años, Melo convivió con un espíritu en su departamento de Parque Chas: ventanas que se cerraban solas, un peso invisible sentándose en su cama y un cuadro arrancado de la pared.
Entre las estaciones Pasco y Alberti, durante un apagón, Jonathan vio a dos hombres inmóviles junto a las vías. Sus ojos eran completamente negros.
Después del horario de cierre, una niña rubia de remera rosada se asoma entre las rejas del cementerio de Lanús. Distintas personas que no se conocen la describen exactamente igual.
Cadáveres sin sangre cerca de la Iglesia de San Ignacio, túneles con restos humanos y calaveras de incisivos afilados: la leyenda del vampiro de Buenos Aires.
Tras la muerte de una pequeña paciente en el quinto piso, el personal nocturno empezó a oír pisadas y risas infantiles en habitaciones vacías.
Una joven de vestido blanco enamora a un muchacho una noche de verano en la Recoleta. Al amanecer corre hacia el cementerio y desaparece. Es Luz María García Velloso, muerta hacía años.
Andrea tuvo que cruzar sola la Plaza Miserere a las once de la noche. Algo en el mausoleo de Rivadavia la retuvo. Después, la estatua se movió.
Un cuidador me ofreció el cementerio de Miramar para mí solo durante una noche entera. Acepté. Esto es lo que sentí entre las tumbas.