La historia de Lila
Lila era una nena cuando su familia se mudó a un departamento de Dock Sud. Una madrugada encontró a su madre sentada sola en la oscuridad. La mujer giró y preguntó: ¿vos también sentís frío?
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Lila era una nena cuando su familia se mudó a un departamento de Dock Sud. Una madrugada encontró a su madre sentada sola en la oscuridad. La mujer giró y preguntó: ¿vos también sentís frío?
Manchas blancas frente a los invernaderos, puertas que se abren solas y decenas de gatos: los rumores que rodean al Jardín Botánico Carlos Thays cuando cae la noche en Palermo.
Una noche de invierno, un grupo de adolescentes entró a un departamento abandonado de Berazategui con velas y una copa. Las risas se volvieron gritos. Y después se escuchó algo que no era humano.
Alejandra escuchaba voces que la llamaban por su nombre en una vieja pensión. Después empezó a ver a una mujer alta de camisón blanco que, noche a noche, se acercaba más a su cama.
De madrugada, en Nueva Pompeya, Martín vio a una figura pálida agachada junto a un hombre que dormía en la vereda. Cuando levantó la cabeza, tenía la boca cubierta de sangre. Y sonreía.
Cinthia vio a un hombre con ropa de otra época fregando el suelo en la entrada de la Recoleta. Cuando giró la cabeza, él la miraba: sus ojos eran completamente blancos.
En ciertas noches de luna llena, sobre la calle Jorge Newbery, una figura cuelga de un árbol cerca del Cementerio de la Chacarita. Tiene los ojos abiertos. Pero no miran nada.
Durante quince años, Melo convivió con un espíritu en su departamento de Parque Chas: ventanas que se cerraban solas, un peso invisible sentándose en su cama y un cuadro arrancado de la pared.
Entre las estaciones Pasco y Alberti, durante un apagón, Jonathan vio a dos hombres inmóviles junto a las vías. Sus ojos eran completamente negros.
Después del horario de cierre, una niña rubia de remera rosada se asoma entre las rejas del cementerio de Lanús. Distintas personas que no se conocen la describen exactamente igual.
Cadáveres sin sangre cerca de la Iglesia de San Ignacio, túneles con restos humanos y calaveras de incisivos afilados: la leyenda del vampiro de Buenos Aires.
Tras la muerte de una pequeña paciente en el quinto piso, el personal nocturno empezó a oír pisadas y risas infantiles en habitaciones vacías.