La Difunta Correa: la historia real de la muerta que amamantó a su hijo
Murió de sed en el desierto de San Juan y su hijo sobrevivió amamantándose de su cuerpo. Por eso miles de argentinos le dejan una botella de agua al costado de la ruta.
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Murió de sed en el desierto de San Juan y su hijo sobrevivió amamantándose de su cuerpo. Por eso miles de argentinos le dejan una botella de agua al costado de la ruta.
Tenía 15 años y estaba sola en el departamento nuevo de la costa. Cuando salió al living, una mujer de ojos verdes la observaba, cargada de un resentimiento que jamás pudo olvidar.
Durante un viaje a Tandil, a las 3:27 de la madrugada, una joven de ropa antigua apareció en el baño del camping. Solo repetía una frase, cada vez más desesperada: no estoy muerta.
Tras la muerte de su madre, Claudia empezó a percibir un perfume que aparecía sin explicación en la casa cerrada. Hasta que reconoció el aroma: era el que usaba su madre.
Lila era una nena cuando su familia se mudó a un departamento de Dock Sud. Una madrugada encontró a su madre sentada sola en la oscuridad. La mujer giró y preguntó: ¿vos también sentís frío?
Alejandra escuchaba voces que la llamaban por su nombre en una vieja pensión. Después empezó a ver a una mujer alta de camisón blanco que, noche a noche, se acercaba más a su cama.
Cinthia vio a un hombre con ropa de otra época fregando el suelo en la entrada de la Recoleta. Cuando giró la cabeza, él la miraba: sus ojos eran completamente blancos.
Después del horario de cierre, una niña rubia de remera rosada se asoma entre las rejas del cementerio de Lanús. Distintas personas que no se conocen la describen exactamente igual.
Una joven de vestido blanco enamora a un muchacho una noche de verano en la Recoleta. Al amanecer corre hacia el cementerio y desaparece. Es Luz María García Velloso, muerta hacía años.