Dicen que se ven casas, chozas y hasta sogas con ropa. Pero si alguien intenta acercarse, todo se esfuma.

Al norte de Neuquén, en el departamento Ñorquín, a unos quince kilómetros al sur de Chos Malal, está Taquimilán, un pueblo chico y tranquilo. Se llega por la Ruta 40 y el desvío por la ruta provincial 29. Y al costado de esa ruta, al pie del cerro Naunauco, hay un terreno que la gente de ahí mira de otra manera.

Un terreno pelado

Es una extensión llana, sin un solo rastro de vegetación. Todo alrededor es cerro, pero ahí no crece nada.

Cuentan que, en distintos momentos del año, al atardecer, ahí aparecen casas. Orfelina del Carmen Salazar, que se dedicó a investigar el fenómeno, explica que se da con más intensidad en otoño e invierno, aunque hay quienes dicen haberlo visto también en primavera y verano.

Lo que se ve

Lo que describen no tiene nada de sobrenatural, y eso es lo perturbador. Chozas de barro. Estructuras de vigas. Columnas de puentes. Y hay quienes aseguran que, si uno mira bien, hasta se adivinan sogas con ropa. Fíjense el detalle: no hablan de castillos ni de sombras, hablan de ropa colgada. Cosas de todos los días.

Pero siempre se ve a la distancia. Me contaron que si alguien intenta acercarse justo cuando el pueblo aparece, este se va esfumando, hasta que ya no queda nada.

La tragedia bajo la tierra

La explicación que se da es que serían las casas de las familias que vivían en la zona antes de un accidente en la mina de carbón Santa Marta, que costó varias vidas. Una de las versiones lo atribuye a la negligencia. La fecha cambia según quién lo cuente: unos dicen 1943, otros 1947.

Todavía hoy pueden recorrerse las ruinas de las minas Santa Marta y Esperanza Cimita.

El dato que cambia el misterio

Pero acá viene lo que más me llama la atención. Según cuentan, para la época del accidente la leyenda del pueblo fantasma ya se conocía. Ya se hablaba de casas que aparecían y desaparecían en ese mismo terreno. Y Taquimilán se formalizó recién en 1969, cuando se creó la comisión de fomento, aunque en la zona ya vivía gente desde hacía años.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿son las casas de las familias de la mina? ¿O era algo que ya se veía, y después de la tragedia la gente le encontró dueño? Orfelina dice que los testimonios de antes y los de ahora son todos parecidos.

Las cámaras

Ella fue la primera en registrar el fenómeno con una cámara: lo filmó el 23 de junio de 2009, al atardecer, y volvió a hacerlo el 15 de julio de ese año. Otra nota describe un video de media hora, al pie del Naunauco, donde el terreno se va deformando y van apareciendo figuras. Quien narra compara ese vapor con el calor que sube del asfalto, y sus creadores no dicen que sea paranormal, pero tampoco dicen que no.

En la zona hablan, además, de una "Ciudad Encantada": una imagen ilusoria que aparece entre mayo y julio, según la fuente, cuando el clima y la estación se combinan de cierta manera.

Lo que se sabe y lo que no

Acá va la parte honesta. Lo de que el pueblo se esfuma al acercarse es un testimonio oral, y una nota del sitio de turismo de Neuquén también dice que desaparece cuando se intenta recorrerlo. A mí me suena a espejismo, pero es una lectura mía, no una explicación confirmada.

Que la leyenda sea anterior a la tragedia aparece en varias notas, aunque algunas parecen repetirse entre sí. Y las fuentes no coinciden en la fecha del accidente (1943 o 1947), en la duración del video (15 o 30 minutos) ni en el nombre de quien lo filmó.

Un pueblo que no está

Yo no sé qué se ve ahí. Puede ser el calor, puede ser el aire, puede ser la memoria de un pueblo. Si algún día pasan por ahí, al caer la tarde, miren hacia el Naunauco. Yo, por las dudas, intentaría evitarlo.