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«Lo que veo es extraordinariamente hermoso y ambiguo. Una sombra oculta su rostro esculpido: es bello, triste y contradictorio.»

Julio Cortázar.

 

El silencio es la compañía perfecta al caminar entre las tumbas y criptas de los muertos, un homenaje ideal para aquellos que descansan desde hace mucho tiempo entre las piedras y los sarcófagos de madera y hierro fundido.

Era durante una tarde fresca de fines de enero del veinte dieciocho cuando me encontraba persiguiendo a un nuevo fantasma en el pintoresco y turístico barrio de la Recoleta, conocido entre los amantes de lo sobrenatural por resguardar antiguos relatos llenos de misterio e intriga.

Muchos están familiarizados con la historia que se narra en las calles de la Recoleta como “La dama de Blanco”. Un espíritu, entidad y un alma maravillosa que mora en la eternidad de la muerte de lo que antaño pertenecía al convento de los Monjes Recoletos.

En estas líneas les contaré lo que se oculta detrás de ese relato que se hizo famoso en las décadas de los ochenta y noventa, e incluso para algunos sigue siendo relevante en los últimos años.

En Mil nueve diez, el renombrado escritor Enrique García Velloso dio la bienvenida a una hija a la que llamó Luz María.

La joven heredera del artista creció convirtiéndose en una hermosa y bondadosa mujer, rodeada de pretendientes sinceramente enamorados que admiraban su belleza y frescura.

Sin embargo, cuando Luz María tenía tan solo quince años, un terrible padecimiento convirtió su vida en un calvario. Le diagnosticaron leucemia, y en poco tiempo, la guadaña de la muerte apago su cuerpo, dejando destrozada a toda su familia.

Su madre, que solo conocía el dolor y la tristeza, acompañó los restos de su hija en su última despedida. Diseñó además su tumba, construyendo un misterioso umbral junto al sepulcro.

Pocos saben que, en las primeras noches posteriores, sumida en un inmenso dolor y sufrimiento, compartió la morada final de su amada hija. Se convirtió en una de las escasas personas que, hasta nuestros días, ha pasado noches enteras dentro de las paredes de ladrillo de la necrópolis de la Recoleta, con el permiso de las autoridades del camposanto.

Cuenta la leyenda…

En una sofocante noche de verano, Marcos y su grupo de amigos se reunió en un bar de la Recoleta. Pasada la medianoche, irrumpió en el lugar una mujer deslumbrante y sensual, cuya presencia encendió todos los sentidos de quienes la contemplaban. Era una suerte de Diosa Griega envuelta en un vestido blanco como la nieve, que hacía justicia a su inigualable belleza.

Marcos podía evitar fijar sus ojos en la recién llegada, que parecía un ángel caído del cielo debido a su encanto sobrenatural. Estudió meticulosamente cada uno de sus rasgos y características, deseando grabarlos en su mente como si fueran una llama ardiente. Su cabello era extraordinariamente exuberante, de un tono castaño que hipnotizaba al moverse entre sus hombros desnudos, y su mirada irradiaba una sensualidad inigualable.

Con una sonrisa entre tímida y pícara, la hermosa mujer lo invitó a acercarse. Marcos, cautivado, se aproximó y comenzaron a conversar. A medida que avanzaban las horas, que parecían suspenderse en su propio encanto, una atmósfera romántica se apoderaba de la velada. Las miradas compartidas eran cómplices, las risas fluyeron como un susurro en la brisa nocturna, y unas cuantas copas acompañaron su complicidad. A escasos momentos de que la alborada empezara a iluminar el cielo nocturno, ella, envuelta en un halo de misterio y gracia, confesó a su admirador que era hora de regresar a su hogar.

El joven, sin titubear, la acompañó fuera del local y le ofreció su abrigo, protegiéndola del súbito cambio de temperatura. Caminaron de la mano, compartiendo conversaciones y risas, descubriéndose mutuamente a cada paso.

De manera inexplicable, al llegar a la esquina del Cementerio de la Recoleta, donde en la actualidad se cruzan las calles Vicente López y Junín, la joven se despidió y, de repente, comenzó a correr en dirección al portal de la Necrópolis.

El joven, impotente para alcanzarla, perdió contacto con ella mientras subía las escaleras de mármol blanco del portal. Al llegar a ellas, se encontró perplejo ante un portón cerrado con absoluta firmeza. Era una puerta de rejas que parecía conducir a una ciudad hecha exclusivamente de piedra, madera y muerte.

La leyenda continúa relatando que, después de transcurrir algunas horas, el cementerio abrió sus puertas al público. El joven, que no se había alejado del lugar, se acercó al guardián para indagar acerca de la enigmática mujer.

Luego de proporcionar una precisa descripción, el asombrado celador lo guio por las calles del cementerio hasta una tumba excepcionalmente hermosa. Esta tumba era famosa por poseer un umbral especial, donde muchos años atrás, una madre pasaba largas noches velando a su hija fallecida.

La sorpresa total del joven fue cuando vio el rostro de su amada esculpido en la losa blanca de ese sarcófago, y a los pies de este, la chaqueta que él mismo le había entregado apenas unas horas antes para que se protegiera del frío de la madrugada.

En la actualidad, muchos continúan hablando de la hermosa mujer conocida como la Dama de Blanco de la Recoleta. Algunos afirman poder entablar conversaciones con ella en las noches de celebración en este pintoresco lugar: en fiestas, bares y «tertulias contemporáneas» que ella misma presenció alrededor de 1925, pocos días antes de su trágico final.

 

Un rostro hermoso, con una mirada hipnotizante, parecía observarme desde ese sepulcro, invitándome a sentarme a su lado, a contemplarla, a conversar y a sonreírle.

El horario de cierre se aproximaba, así que decidí abandonar el lugar. Al salir, me encontré con una ciudad llena de vida y misterio, donde leyendas populares y desconocidas conviven cotidianamente. Las miradas de vivos y muertos se cruzan constantemente. Espero, tarde o temprano, tener la oportunidad de compartir cada una de esas historias, como he mencionado e invitado en numerosas ocasiones. Anhelo recorrer sus calles, explorar sus sótanos, visitar sus antiguos edificios y descubrir los secretos de cada uno de sus misteriosos y hermosos sepulcros.